La experiencia me ha enseñado que hablar sobre lo que estoy escribiendo, me obliga luego a cargar con el peso de mis propias palabras. Y resulta que un texto haciéndose es pura movilidad, puro cambio, hay que estar muy alerta y muy liviano para dejarse tentar por atajos inesperados, cambios de rumbo o irrupciones súbitas. En suma: es bueno navegar sin lastre en esa pura incertidumbre que es la escritura.
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